Según la definición de criterios de evaluación de la LOMLOE, su implantación supone adoptar un sistema de evaluación por competencias, «acorde con la demanda de transformación de la sociedad». Básicamente se trata de calibrar la escala de logro o los niveles de desempeño, para que sirvan de orientación hacia la mejora. El objetivo es evaluar en lugar de calificar o sancionar el error. Pero, ¿en qué consiste realmente este cambio? ¿Cuáles son las claves de este sistema de evaluación y qué mejoras ofrece?

Evaluar para mejorar a lo largo de la vida

Para afrontar la necesidad y oportunidad de un nuevo currículo es imprescindible revisar también el papel de docentes, la organización de los centros y el modelo de evaluación. Con respecto a esto último, el sistema educativo sólo puede evolucionar y responder a las necesidades de la sociedad si la evaluación es coherente con esas necesidades.

Básicamente, para evaluar por competencias es necesario reconocer objetivamente el valor de un proceso, con el fin de profundizar en su desarrollo y, sobre todo, permitir su mejora continua. Se trata de un imperativo pedagógico, no se puede educar sin evaluar para indicar el camino de mejora. De hecho, es un compromiso ético ineludible que la evaluación competencial oriente a la mejora a lo largo de la vida.

El sistema educativo sólo puede evolucionar y responder a las necesidades de la sociedad si la evaluación es coherente con esas necesidades

El objetivo del modelo competencial

En lugar de un aprendizaje memorístico y acumulativo, el objetivo del modelo competencial es enseñar a aplicar los conocimientos, ante las situaciones desconocidas y en continuo cambio. La principal forma de conseguirlo es adquirir al rango más amplio posible de destrezas. En definitiva, se trata de seguir las recomendaciones del Consejo de la Unión Europea sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, desde un enfoque orientado a la acción y participación ciudadana. De hecho, en el Marco de evaluación desarrollado por la OCDE, se define la nueva competencia global, que abarca aspectos cognitivos, socio-emocionales y cívicos. Se trata de la capacidad de examinar cuestiones locales, globales e interculturales, con el fin de actuar en favor del bienestar colectivo y el desarrollo sostenible.

En lugar de un aprendizaje memorístico y acumulativo, el objetivo del modelo competencial es enseñar a aplicar los conocimientos, ante las situaciones desconocidas y en continuo cambio

Calificar vs. evaluar

La clave del cambio reside en diferenciar «calificar» de «evaluar»:

  • Al calificar colocamos en una escala, comparamos con lo esperado, cuantificamos. Lo hacemos de forma natural aplicando un baremo, de acuerdo con una necesidad social, de selección, y muchas veces de acreditación.
  • Al evaluar, sin embargo, reconocemos el desempeño, observamos la práctica, calibramos la escala de logro en ese desempeño y lo orientamos hacia la mejora personalizada.

Pero para llevar a cabo este cambio en la evaluación no sólo es necesario contar con instrumentos como las escalas de logro o los niveles en el desempeño. El cambio debe ser suficientemente profundo y enmarcarse en un ecosistema educativo facilitador, en cuanto a aspectos muy diversos. Es imprescindible contar con un curriculum menos lineal, el ratio de alumnos adecuado, recursos, una planificación realista y la formación continua que requiera el profesorado.

Tampoco debemos olvidar que dentro de la evaluación competencial es preciso evaluar también conocimientos, pero aplicados a través de desempeños, productos o procesos. La toma de decisiones y el análisis por parte del alumnado o incluso el desarrollo del trabajo en grupo, son también aspectos fundamentales a tener en cuenta en la evaluación por competencias.

En este sentido, una de las consecuencias de la implantación del nuevo modelo de evaluación es la eliminación de los estándares de aprendizaje, puesto que no contribuyen a facilitar una evaluación competencial, a diferencia de los criterios de evaluación.

Dentro de la evaluación competencial es preciso evaluar también conocimiento, pero aplicado a través de desempeños, productos o procesos

Qué necesitamos para la evaluación por competencias

Para reconocer y evaluar el nivel de adquisición de las competencias el primer instrumento son los referentes de evaluación recogidos en los currículos. Sin referentes específicos no es posible evaluar y los nuevos currículos basados en las recomendaciones europeas de 2018 deben facilitarlos.

Así, para evaluar por competencias es preciso tener en cuenta estos tres aspectos, que deben estar alineados :

  • El currículo prescriptivo, que oriente la actividad en el aula, desde la premisa de que el currículo de la LOMLOE pretende ser más orientador que prescriptivo
  • Las situaciones de aprendizaje que evidencien si el aprendizaje está logrando la adquisición de las competencias
  • Los instrumentos para medir esa adquisición, como las pruebas objetivas (cuestionarios), las escalas de evaluación o las rúbricas; siempre herramientas sencillas que eviten la calificación basada en un corpus rígido de conocimientos

Con todo ello se pretende aplicar nuevos criterios que permitan una evaluación más integradora, flexible y, sobre todo, personalizada. El objetivo último es responder a diferentes perfiles del alumnado y cumplir con el modelo de educación inclusiva que debe definir a la LOMLOE. De hecho, la nueva Ley considera este sistema de evaluación por competencias la clave del éxito de la educación.

Nuevo currículo para nuevos desafíos

De acuerdo con la época actual, es imprescindible adaptarse y saber reaccionar ante las situaciones nuevas e impredecibles. Son los llamados entornos VUCA, acrónimo inglés de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad. La forma de enseñar y aprender no puede ser ajena a todo ello. El pensamiento crítico y un aprendizaje orientado al desarrollo de competencias que ayuden a desenvolverse ante situaciones diversas se convierten en esenciales.

La verdadera transformación en educación requiere cambios sostenibles y continuos durante un periodo prolongado y concebir otra forma de evaluar es indispensable. Tradicionalmente, la evaluación se convierte a menudo en una herramienta puntual de sanción de errores. Los nuevos modelos deben suponer nuevas prácticas de evaluación en el día a día del aula.

Sólo se alcanzarán nuevos resultados si la evaluación competencial se concibe como un cambio integrado en el día a día del docente, más allá de las evaluaciones internacionales, nuevas leyes o del apoyo de la actividad institucional de organismos como el Instituto de evaluación.

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